Te miro, me detengo en cada detalle de tu cara, observo tus gestos, la forma de tus ojos, tan distintos al resto, el pocito que se forma en tu mejilla cuando te reís, tu boca, tu pelo, tus manos... Me quedo mirándote por largas horas y sé que nunca podrás saber cuánto te quiero. Tampoco podré contarte lo que me produce que estés del otro lado, pensando siempre en mí, preocupándote si estoy bien, cómo fue mi día, haciéndome sentir que estás, ahí presente. Ni decirte cuánto me gusta que me escribas contando tu día, cuando te hace enojar tu jefe o el tema que escuchaste y querés compartir conmigo porque sabes que a mí me va a encantar. Sí, compartir, todo eso que hacemos cada día, compartir nuestra vida, nuestro mundo que se une para mostrarnos que no importa las imposibles que se presenten, podemos tenernos. Quizás, ambos estamos conectados y nuestra energía se activa cada vez que nos pensamos, hace que llegue el calor de nuestros cuerpos a nuestra mente y ahí, en ese preciso...