Inmersos en un mar de palabras, con una sed incalculable por conocernos, por saber el uno del otro, por buscar la forma elocuente de describirnos y que nos guste, que nos atraiga, que nos dé ganas de más…
El deseo disfrazado en cada oración y unas
ganas locas de decir lo que nos produce con tan solo leernos. Mis ganas de
llegar a tu boca y sentir tu piel, lejana, son cada vez más grandes y cuesta
tanto camuflar lo que me haces sentir.
¿Qué es todo esto? ¿Cómo es posible que ocurra?
¿Cómo puede ser que me permita sentir de esta
manera?
Y solo quiero quedarme acá, inmortalizar este
momento, tan nuestro, tan distinto y eterno.
A tantos kilómetros de distancia te siento a mi
lado, como si pudieras tocarme, como si mis manos que me recorren fueran las
tuyas que suavemente intentan tatuarse en mi cuerpo.
Disfrutemos, amor, me decís insistentemente,
déjate llevar por lo que tu cuerpo reclama, no quieras esconder lo que a gritos
me cuentan tus palabras.
Seamos uno, la noche es nuestra y hoy nos
pertenecemos.
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