Te miro, me detengo en cada detalle de tu cara, observo tus gestos, la forma de tus ojos, tan distintos al resto, el pocito que se forma en tu mejilla cuando te reís, tu boca, tu pelo, tus manos... Me quedo mirándote por largas horas y sé que nunca podrás saber cuánto te quiero. Tampoco podré contarte lo que me produce que estés del otro lado, pensando siempre en mí, preocupándote si estoy bien, cómo fue mi día, haciéndome sentir que estás, ahí presente. Ni decirte cuánto me gusta que me escribas contando tu día, cuando te hace enojar tu jefe o el tema que escuchaste y querés compartir conmigo porque sabes que a mí me va a encantar. Sí, compartir, todo eso que hacemos cada día, compartir nuestra vida, nuestro mundo que se une para mostrarnos que no importa las imposibles que se presenten, podemos tenernos. Quizás, ambos estamos conectados y nuestra energía se activa cada vez que nos pensamos, hace que llegue el calor de nuestros cuerpos a nuestra mente y ahí, en ese preciso...
Me paro frente al espejo, me miro por largos minutos. Miro mis ojos, mi boca, mi piel. Quito el maquillaje que apenas llevo en mi cara y veo caer una lágrima. El efecto de la crema con mis lágrimas hace una mezcla infalible, como si mi piel necesitara sentirla. Duele, no sé cómo explicarlo, pero duele… Quiero evitarlo, intento sumergirme en la inmensidad de la razón y conmigo, lamentablemente, no funciona. No puedo pensar con claridad, siento que mi cuerpo se acelera, cada vez más, siento que no puedo aguantar un minuto sin él. No me mires así, ya sé que pensas que es una locura, que no hay manera que me puedas imaginar a su lado, que no existe la fórmula mágica que pueda hacer posible lo imposible, sin embargo, no dejo de pensar en la remota posibilidad de vivir mi vida acurrucada en sus brazos… Ya sé lo que está pasando por tu cabeza en este mismo momento, pero así lo siento, aunque no te guste, aunque creas que estoy loca y que lo hago solo para molestarte a vos, siento q...