Te miro, me detengo en cada detalle de tu cara, observo tus gestos, la forma de tus ojos, tan distintos al resto, el pocito que se forma en tu mejilla cuando te reís, tu boca, tu pelo, tus manos...
Me quedo mirándote por largas horas y sé que
nunca podrás saber cuánto te quiero. Tampoco podré contarte lo que me produce que
estés del otro lado, pensando siempre en mí, preocupándote si estoy bien, cómo
fue mi día, haciéndome sentir que estás, ahí presente.
Ni decirte cuánto me gusta que me escribas contando
tu día, cuando te hace enojar tu jefe o el tema que escuchaste y querés compartir
conmigo porque sabes que a mí me va a encantar. Sí, compartir, todo eso que
hacemos cada día, compartir nuestra vida, nuestro mundo que se une para
mostrarnos que no importa las imposibles que se presenten, podemos tenernos.
Quizás, ambos estamos conectados y nuestra
energía se activa cada vez que nos pensamos, hace que llegue el calor de nuestros
cuerpos a nuestra mente y ahí, en ese preciso momento, volvemos a sentir lo que
nos produce saber que existimos.
A veces, quiero abrazarte tan fuerte, que sepas
que no importa la adversidad si es a tu lado, a veces quiero dar vuelta la
página y caminar a tu lado, firme, agarrada de tu mano. A veces, quiero que me digas
que me necesitas como yo te necesito a vos, que irrumpas mi vida de golpe, y me
implores que crea en tus palabras que vos nunca vas a lastimarme…
A veces quisiera tener el valor, de decirte lo
que siento. A veces, quisiera que vos también lo tengas.
Comentarios
Publicar un comentario